18 septiembre, 2007

El porrismo

Queridos lectores:

En los próximos días publicaremos una serie de tres textos de la autoría de tres de nuestros miembros, en los cuales el tema a desarrollar sera "el porrismo", cubriendo aspectos desde "¿qué es el porrismo?" hasta "¿dónde puedo encontrar ejemplos de porrismo?".

La idea inicial fue que cada uno de los redactores contara su propia experiencia con el porrismo, sin compartir criterios ni intercambiar opiniones con los otros, para obtener así tres enfoques más personalizados y reveladores sobre este neologismo mocrubiano acuñado, como siempre, en los laboratorios del M.I.T. (Mocruba Institute of Terminology).

El primero de los textos será el de Stella Maris Closas, titulado: "Esa cosa loca llamada porrismo" a ser publicado esta misma semana.

16 julio, 2007

La secta de la libélula

Por Stella Maris Closas*


La existencia de la secta de la libélula me fue revelada allá por mil novecientos ochenta y tantos en un taxi que me llevaba diariamente a las instalaciones de canal nueve libertad. De ese día no recuerdo más que viajaba con las hermanas Serantes- por ese entonces, nu y eve- íntimas amigas con quienes intercambio actualmente correspondencia y algún que otro archivo de flower point.
Resultó que a las manos de eve había llegado la información- a las manos, porque era un volante de origen indescifrable- de que un grupo de personas interesadas en los estudios del lenguaje se reunía quincenalmente los sábados por la mañana, facturas mediante, a dialogar sobre gramática generativa, o para algunos miembros del grupo, sobre gramática transformacional, justamente aquellos que no lograban acceder a las evoluciones y circunvoluciones de la argumentación del mentor. Como fuere, las reuniones no eran más que una pantalla, información que al parecer era box populi en la farándula pero de la que yo recién me desasnaba
El taxista, sobre todo, fue quien pudo aportar un dato crucial: él había transportado a una de las integrantes y afirma haber percibido por el espejito la insignia: una cadenita con el símbolo de una libélula de nácar, probablemente importada de Rosario. Más datos al respecto no teníamos, pero había sido suficiente para captar mi más absoluto interés. Todavía no había conocido a Arturo y mi vida carecía del frenesí necesario, sobre todo los sábados por la noche. De modo que esta es la razón por la cual accedí a dedicar todos los momentos de ocio a desentrañar este enmarañado misterio.
Pero vayamos por parte. La pregunta número uno era conocer cuál era la motivación y los objetivos de esta secta. Al principio, creíamos que eran mujeres que habían sido rechazadas de la masonería, pero esta debía ser una organización que no perseguía la tradición, que era de carácter lábil, claro está, como la libélula. Por otra parte, supusimos que, como alguna que otra secta religiosa, se dedicaba a sacrificar animales para consagrarlos a un dios, o tal vez al conocimiento mismo, dado que la pantalla era sostenida con cierto argumento. Sin embargo era una hipótesis infundada, como tantas otras. La tercera pregunta era dónde se reunían, así habríamos podido espiarlas, sin embargo, cambiaban la sede constantemente para despistar, suponemos.
Pasamos meses sin lograr un solo dato. Las reuniones con las hermanas Serantes no dieron grandes frutos: me comían la tarta de verduras y se iban, sin haber aportado nada. Fue entonces cuando se me ocurrió llamar a Daniel Tinayre- que en paz descanse- y le comenté el asunto. Él estuvo dispuesto a ayudar de inmediato, y me propuso recorrer joyerías- dado que Mirta tenía muchos contactos al respecto- para dar con el fabricante de libélulas.
Al cabo de una recorrida, llegamos a Rosario- ¿el taxista sabía más de lo que decía saber?-y en Zeballos y España dimos con él. Nos explicó que una señora delgada, muy elegante, había llegado con un auto importado y le había encargado media docena del modelo que ella tenía colgado. Prometió pagar por adelantado, y se retiró. La semana siguiente, regresó en busca del pedido, y cuando el vendedor preguntó el motivo de las réplicas, ella respondió con una evasiva y se fugó rápidamente en el auto. Pero no se trataba simplemente de una señora elegante, sino de una clienta de años, que este hombre no dudó en desprestigiar y delatar por cobardía o quizás por cierto despecho acumulado.
Allí obtuvimos la identidad de la vice presidenta, cuyo nombre no mencionaré por discreción. Por el momento, llamémosle S. De ahí en más, la perseguimos a toda hora: fuimos al shopping y a los restaurantes carísimos a los que asistía, persecución que nos hubiera costado una fortuna de no haber sido que Daniel invitaba. Hasta que el sábado siguiente por la mañana, logramos llegar hasta una estancia en las inmediaciones de la ciudad. Allí la esperaba el resto, formando un círculo en el césped. Cuando S. llegó, se congregaron a su alrededor y cada una de ellas recibió la coronación: la sabiduría de todos los tiempos, el conocimiento absoluto, la Idea platónica, la libélula de oro blanco.
Eso presumimos, dado que curiosamente, empezaron a ser extraordinariamente exitosas en sus carreras. Sacaban a razón de treinta publicaciones anuales, muchas de las cuales terminaban siendo candidatas a premios de alcurnia internacional. En una palabra, toda intervención pública era sublime.
Entonces hice lo posible por pertenecer. Nu y eve no aspiraban ni al Martín Fierro, así que desistieron. Yo dejé la actuación unos años- ahora saben por qué, mis televidentes- dado que ellas me aceptaron rápidamente. Pensé que iban a engañarme dándome clases de internalismo, sin embargo, sólo se reunían a catar vinos, comprar libros que nunca leían y a alabarse mutuamente.
Nunca recibí la libélula. Nunca entendí cómo lo hacían.
De modo que regresé a Buenos Aires. Pienso que el éxito de Grande Pá y Dibu se debe a ese mínimo contacto con ellas, allá por los ochenta. Nunca más las volví a ver, quizás fallecieron, quizás trabajen en la ONU, quizás sigan investigando… quién sabe.


* ¡Texto debut de Stellita!

15 abril, 2007

El tío Cacho y la tía Mary

Por Cristina Alberó


A mi tío Cacho y a mi tía Mary

Todos acreditamos algún tío Cacho y alguna tía Mary en la familia. Hoy te invito a que, después de leer las historias de mi tío Cacho y mi tía Mary, me cuentes la de los tuyos. Si tenés una data breve pero posta, la queremos conocer. No importa cuán breve sea tu relato, yo quise ser sintética pero se me fue de las manos. ¡Queremos conocer a los tíos Cacho y Mary del mundo!

En mi familia, el tío Cacho y la tía Mary no tienen ningún parentesco entre sí. En realidad no sé si se conocen. En realidad no sé si me conocen a mí. Yo sí los recuerdo.
Lo fabuloso es que el tío Cacho y la tía Mary protagonizaron, cada uno por su parte, una historia, al menos, novelesca.
Primero las damas. La tía Mary esconde una vida de frustraciones amorosas que la llevaron a desarraigarse de su tierra. Corrían los años setenta. Ella, bordeando los cuarenta, comenzó una relación con un chico de unos veinte. Es decir, la tía Mary le llevaba casi veinte años a este muchacho. Este chico, según me cuenta mi mamá, era bastante churro. Lo raro de la relación no es la diferencia de edad -porque todos creemos en la fuerza del amor- sino que la tía Mary, de acuerdo a las fotos de su juventud, no era muy agraciada y sí tenía (y tiene) unos quince kilos demás.
Una parte de la historia se me aparece difusa porque existe un hueco que nunca quedó claro, y es lo referido al nivel de clandestinidad de la relación. Por lo que yo puedo apreciar, la pareja no blanqueó del todo ante la sociedad. Es decir, si había una cena de parejas me parece que la tía Mary no iba.
Pero ahora pasemos a ver cómo surgió este amor. Hete aquí que Don Made, el papá de la tía, era dueño de una tienda muy bien posicionada. ¿Qué pasó? Don Made partió de este mundo con rumbo quién sabe a dónde. Al tiempo de la desaparición física de Don Made, entra como ayudante de la tienda quien se convierte en el “amigo” de la tía Mary. Poco a poco, el muchacho penetra cada vez más en los negocios de la familia y quiere agregar nuevos productos. Los productos venían de Mar del Plata y de Buenos Aires y la tía Mary viajaba con el nuevo ayudante. Y entre viaje y viaje se fue gestando este extraño amor. Pero la tienda iba en descenso y la familia, de un pasar holgado, que tenía televisor en 1950, se vio en problemas. Tiempo después, la tienda quebró.
Eso no fue lo peor, porque el escándalo económico venía de la mano del fracaso amoroso. El muchacho desapareció. La tía Mary lloró y lloró, no dijo adiós ni dio explicaciones a sus vecinos, sólo a sus íntimos, y se fue a Mar del Plata para nunca más volver.
Yo tengo que aclarar que la verdad es que la tía Mary no es mi tía por lazos de sangre sino que es amiga de mis tías. Lo que pasa es que la tía Mary no tiene sobrinos y la amistad con mis tías es una hermandad, razón por la cual toda mi familia no la menciona de otro modo que no sea “la tía Mary”.
Continuemos con los caballeros. La historia del tío Cacho es una historia de hombre de camiseta musculosa debajo de la camisa blanca finita. Hombre dueño de un boliche. Boliche de jugar a las cartas a la tarde. En fin, hombre de detrás de la barra y alguna copa de más con los amigos.
No piensen que este tío Cacho tampoco es mi tío por lazos sanguíneos. Es el hermano de mi abuela Marga, del tío Tuto, del tío Felipito, etc.
El tío Cacho tuvo, y tiene, una vida de excesos. Lo cual le generó serios problemas de salud. El tío Cacho no se cuida y toda la familia sufre las consecuencias.
A diferencia de la tía Mary, él sí se casó en buena ley y tuvo muchos hijos. No es un reflejo de la tragedia económico-amorosa de la tía Mary. Su vida es símbolo de un tipo que no renegó mucho pero es de éstos que de tanto en tanto uno recibe noticias sobre su internación y/u operación.
Bueno, éstos fueron mis tíos, ahora ansiamos que nos envíes tu breve historia con datos recopilados entre los fideos del domingo.

31 marzo, 2007

El sufijo – eta / eti en el cronolecto juvenil

Por Cristina Alberó


I.
En la actualidad, los jóvenes suelen tomar / crear / resignificar ciertas partículas de la lengua española. Dentro del torbellino empírico, me centraré en el sufijo “– eta / eti”.
Como dato emblemático tomaré las piezas léxicas “porroneta” y “limeti”; respectivamente, nombre y adjetivo derivados de otros elementos de su misma naturaleza categorial (“porrón” y “limado”) mediante la adjunción del sufijo en cuestión.
La franja etaria que sigue estos nuevos modos de habla suele encontrarse entre los 22 y 26 años aproximadamente; sin lograr precisar la fuente u origen del sufijo, sólo puedo considerar que existen sectores de la población con una intencionalidad musicalizadora [+música] para con el lenguaje cotidiano.
Cabe aclarar que las variantes no indican una referencia a una posible marca de género ya que
“- eta / eti” se emplean de modo aleatorio, como puede registrarse en los siguientes ejemplos tomados de una noche cualquiera:

(i.) Juan está limeti
(ii.) María está limeti

En los caminos de la noche, y del día, los oídos ávidos suelen escuchar aquello que podría sonar como una latiguillo de las gargantas profundas al pedir una bebida refrescante, pero aquí lo entiendo como una invocación innovadora:

(iii.) Maestro/flaco-a, una porroneta!

Asimismo, esta invocación puede contextualizarse:

(iv.) Hablante = limeti (con ímpetu): “una porroneta!”
Oyente = chico/a de la barra (por lo bajo): “uhhhh, éste está limeti...”

Este fragmento de la oralidad nos informa acerca del funcionamiento del denominado Principio del Espejo (PE), según el cual la categoría inferior adopta los rasgos de la categoría superior, es decir, “-eti” inferior refleja “-eta” superior.

II.
En un acercamiento social al fenómeno me gustaría reflexionar, por un lado, sobre el perfil del hablante modelo que utiliza “-eta / eti”; y por otro, sobre aquellos que no lo incluyen en su lexicón.
Comenzaré con el segundo aspecto. En mis acercamientos a la cultura púbero-adolescente me ha sido negada la detección, no sólo de “-eta / eti”, sino de todo afijo enriquecedor. Estos sectores púbero-adolescentes se inclinan, en primer lugar, por la reproducción de recurrencias del discurso televisivo; y, en segundo lugar, por la metáfora, personificación y / o hipérbole.
Como ejemplos de la primer actitud, en el presente año se han destado:
a)“cric, cric…” (emisión símil grillo empleada al producirse un silencio total ante alguna apelación o simplemente al lograrse un silencio porque sí)
b)“fea la actitud, fea la actitud...” (aquí la expresión es con melodía simple y se realiza ante lo que un púbero-adolescente considera una injusticia)
c)“ ja... ja...” (interjección aguda equivalente a la carcajada débil de Nelson –personaje secundario de la serie televisiva Los Simpsons - que se utiliza sin razón alguna en cualquier contexto)
d)“chan” (se pronuncia con intensidad cuando el púbero-adolescente escucha una aseveración explosiva que oscila entre lo inverosímil y negativo para su persona)

Dentro de las libres combinaciones de la segunda opción, sólo ilustraré con un dato tomado al azar:
“...ah...me salió un grano criminal...” (apuntando a la acción del acné impiadoso)
Si bien el hablante modelo abusador de sufijos sabe apoderarse de estas opciones púbero-adolescentes, se destaca por llegar a situaciones extremas en las que se logra una proliferación de afijos que exceden “-eta / eti” acudiendo a:

a)“en / em + base + -ado / ada” (empedado/a, endrogado/a)
b)“-ino / ina” (naranjina)
c)“-oso / osa” (ochentoso, ?noventoso)
d)“- illo / illa” (rapidillo, poquillo, asustadillo)

El perfil del hablante modelo es -simplemente- amplio, ya que un solo hablante que disponga de esta habilidad para musicalizar puede introducirla y realizar un efecto ola al ingresar a un grupo cualquiera .
Para cerrar este apartado otros ejemplos de elementos sufijados con nuestro “- eta /eti” que pueden anotarse son, entre otros, “ocupeti”, “amigueta”, “loqueti”, “apureti”, etc.
Esperando que esta breve guía sea de su utilidad, sin otro particular, los saludo atentamente.

13 marzo, 2007

¡Suscríbase YA!

Queridos ilustres desconocidos:

Pasado largo tiempo desde el inicio de este proyecto, henos aquí, convocándolos a la experiencia de deformance. No somos vanguardistas: tenemos manifiesto -bastante pobre, es cierto- pero nadie quiere superproducciones, y es por eso que pensamos en vosotros. Usted: ser incrédulo, perecedero, insulso, inútil. Usted que está sentado en la güev porque le encanta perder el tiempo, porque cree que frente a un teclado contribuye a la literatura nacional. Este es su espacio, su soplo de glamour, su auto-di-famación. La ocasión de hacer el ridículo y de volver de él.
Le ofrecemos la oportunidad de suscribirse gratuitamente al abandono, escríbanos con total frenesí, tenga el tupé de ser usted mismo, porque como nuestro maestro-gurú dixit: "Los sueños, sueños son... pero aquí... ¡¡se hacen realidad!!"